martes, 1 de septiembre de 2015

Razones Para Volver

Siempre escribo que seré constante, que compartiré mil maravillas, y que me superaré como persona y como escritor.
Cada que abro mi bandeja y reviso en las fechas de mis publicaciones, entiendo que he fallado en cada una de esas promesas.
Y aquí estoy mentalizándome a ya no prometer nada, para dejar que las palabras fluyan.

Política, religión y fútbol, son temas que todos creen conocer demasiado, pero que pocos valientes comentan cotidianamente a sabiendas de que se puede comenzar una guerra fría en cuanto aparezca algún desacuerdo, algún bemol en la opinión ajena, que nos demuestra que por más "open mind" que intentamos ser, siempre tenemos en nuestro ADN una pizca de intolerancia, por eso existen los columnistas, los bloggers, etc., para decir cosas que a muchos les cuesta expresar, concretar. Eso me sucede cotidianamente con la música. Estoy en ese divertido punto donde me es difícil encontrar gente con gustos similares a los míos, pero en ocasiones me percibo excluido de ciertas cofradías de melómanos, pues todo indica no conozco tantas bandas sofisticadas de culto con nombres impronunciables. O alguna pendejada así.

Cada que me preguntan el porqué me desagradan ciertos géneros o artistas, una máquina de escribir gigante empieza a escribir a una velocidad estúpida e irreal una letanía de todos los porqués en mi cabeza, quedándome pasmado tratando de elegir la razón mas convincente, tanto tardo en decidir que decir, que antes de poder contestar, escucho con el mismo cínico tono la siguiente frase, "ya ves, ni sabes por que no te gusta". Nada mas alejado de la realidad.

La música es un arte, un medio de expresión, una forma de manifestar un sentimiento, una historia, una locura, una pasión, es un viaje que tiene, de acuerdo al género, una cierta duración, una caducidad, y es eso lo que lo hace tan placentero, un cuadro puede estar en el horizonte de tu mirada, y quedarse ahí, segundos, minutos, horas, lo mismo que una escultura, o que una bella construcción. Con la música es distinto. Una canción se mueve caprichosamente hacia su final, sin dar tregua a tu atención, indiferente de si debe ir más lento o más rápido, se conduce plácidamente hacia una muerte temporal, de la cual sólo el intérprete o tu dispositivo la pueden revivir a voluntad. Es por eso que la música es tan fascinante, se parece a nosotros, refleja lo que somos, imperfectos, mortales.

Y es por eso que hay innumerables canciones que se ganan mi repudio. Mi corazón no entiende las cosas que percibo vacías, que se realizan sólo para llamar la atención, las que se crean únicamente para fabricar dinero. En estas épocas plásticas todo indica que entre más falso es el producto, más es consumido. Pero me regocija sabes que aunque las tendencias marquen intempestivamente lo que se escucha "ahora", basta con escuchar las estaciones de "clásicos" (sin importar el género) para notar que estas composiciones no viven mucho en el inconsciente colectivo, o mejor aún, que las rarezas que se han perdido en el tiempo y que tus tíos que conservan celosamente como testimonio de lo que vivieron, son composiciones que han tocado corazones, que han enmarcado algún momento de nuestra existencia, o que han cambiado para siempre nuestra vida.

La música me cambió cuando tenía 12 años, ahora tengo 22, no me ha dejado ni un solo día desde entonces, y he decidido devolverle con lo que escribo y lo que hago, un poco de lo mucho que me ha dado...

No hay comentarios:

Publicar un comentario